jueves, 20 de agosto de 2009

Poema 43

El brillo de la inocencia
de la juventud de unos ojos
apegados a un cristal.
¿Cuándo parará de llover, mamá?
Las gotas de lluvia
trazan sus impredecibles caminos,
dejando su transparente estela,
en la imagen del mundo,
que la ventana deja ver.
¿Nunca para de llover aquí, mamá?
Día tras día la lluvia,
acompañada de una densa neblina,
maquillaba el rostro del natural paisaje,
con una fingida y gris tristeza.
¿No va a salir el sol nunca, mamá?
La hermosa y dulce niña,
acariciada por los primeros rayos del amanecer,
abrió sus brillantes e ilusionados ojos,
y pudo contemplar, al fin, el paisaje.
Las gotas del rocío brillaban
sobre las hojas de un verde intenso y
la arboleda lejana, se fundía en el horizonte
para ser los pies de las montañas
que se erguían ante sí,
coronadas del resplandor de la nieve.
Ahora, convertida en una hermosa mujer,
con la huella impresa que la vida
va dejando en cada ser que existe,
cuando la densa niebla gris se cierne
sobre el cotidiano vivir,
el recuerdo de esa niña, con su nariz
casi pegada al cristal de la ventana,
pasa por su mente y vuelve a preguntarse:
¿cuándo parará de llover, mamá?,
¿No va a salir el sol nunca, mamá?.
Y el destino, una vez más,
le hará saber, con el tiempo,
que siempre existe un rayo de luz cálida,
que puede hacernos despertar a un radiante amanecer.
Es cuestión de buscarla, esperarla, reconocerla y
no negarse a disfrutar de ella.

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